aprender yoga

Introduccion "Todos somos principiantes..."

En efecto, comparados con los yoguis hechos y derechos y particularmente con los grandes yoguis de la India antigua, todos somos realmente principiantes.


Sin tener en cuenta mas que el ambito de las asanas, el más accesible de todos, nos sentimos muy imperfectos en relación con los maestros indios.

Y es una suerte, ya que es normal no perder la modestia, incluso si llegamos a realizar una asana un poco dificil.

Pero hay razones mucho más profundas para considerarse como un principiante.

Efectivamente, en su practica del yoga, tanto el adepto experimentado como el neofito se encuentran exactamente en la misma situación psicofisiológica, y deben respetar las mismas reglas.

La diferencia se encuentra en todo caso en el nivel, por otra parte muy accesorio, de su respectiva flexibilidad.

En cada etapa de su evolución el adepto debe volver incansablemente a los principios esenciales, los mismos que se ensenan a los neofitos.

En definitiva, y excepción hecha de los Maestros, es muy poco lo que sabe incluso un yogui hecho y derecho, en relación con la inmensidad del yoga.

Si bien es evidente que el yoga no se limita a las asanas, no es menos cierto que éstas constituyen los cimientos de esta ciencia, tanto en sus aspectos predominantemente físicos como en sus técnicas psíquicas, sobre todo la meditación.

Las asanas no son sólo la puerta de entrada del llamado yoga corporal, sino que abren también una vía de acceso a todos los estadios psico-fisiológicos del yoga.

La práctica correcta de las asanas es una exigencia básica para todo adepto del yoga.Antes de estudiar en detalle las condiciones de su ejecución, recordemos que una asana es una postura corporal que se mantiene en la inmovilidad, en el largo tiempo, sin esfuerzo, con control respiratorio y con control mental.

Para que haya asana y por consiguiente, yoga es necesario y suficiente que se dé este conjunto de condiciones.

Nos fijaremos en primer término en el aspecto muscular de las asanas, pues es necesario compenetrarse bien del hecho de que, en las asanas yóguicas, los músculos son colocados deliberadamente en una situación excepcional, e incluso anormal, lo que no significa, sin embargo, antifisiológica, sino todo lo contrario.

En efecto, el estado en que deben encontrarse los músculos durante el mantenimiento de una asana es fundamentalmente diferente de todas las situaciones que se dan en la vida cotidiana, ya se trate del deporte, la gimnasia, el trabajo o incluso el reposo.

Para comprender la diferencia entre estas actividades  y las asanas la pregunta es: ¿cuál es la característica esencial del tejido muscular? si el músculo pone el esqueleto en movimiento (y aquí no consideramos más que los músculos voluntarios que se insertan en el esqueleto), ello se debe a que puede.

Sea cual fuere el movimiento que se ejecuta, lo que lo provoca es necesariamente  la contracción de uno o varios músculos.  
Dicho estiramiento es una característica esencial de las asanas, por oposición a todas las demás actividades físicas, a todo trabajo.

Desde el sueño profundo hasta el esfuerzo más intenso, por lo menos en las circunstancias habituales, el músculo oscila únicamente entre una relajación tan total como sea posible y una contracción máxima. 

Aparte su contractilidad, el músculo es elástico, pero con una elasticidad totalmente diferente de la del caucho, por ejemplo, que se puede estirar hasta romperlo.

El músculo tiene un limite habitual de elasticidad, y al aproximarse a dicha frontera, manifiesta una resistencia creciente.

Todos los movimientos, sean rápidos o lentos, se sitúan dentro de esta zona de elasticidad habitual del músculo, que es la que determina el grado de flexibilidad o de rigidez de un individuo.

Todas las asanas del yoga están encaminadas a estirar uno o más grupos musculares mucho más allá de su limite de elasticidad normal.El músculo accede a traspasar esta frontera, pero dadas ciertas condiciones lo persuada a distenderse.

Cuando llega a de elasticidad habitual, la tendencia normal del músculo es ponerse a la defensiva, contrayéndose para protegerse.

Esta reacción natural de defensa debe ser evitada, y la única manera de lograrlo es la descontracción voluntaria.

En la práctica de las asanas como la Pinza, por ejemplo se llega muy pronto al término de la flexión, y si se insistiera más allá en ir la sensación de estiramiento no tardaria en convertirse en dolor.

Desde el momento en que los músculos comienzan a contraerse, por ende, descontraerse y no dejar que se manifieste en ellos la reacción de defensa.

Cuando se percibe la resistencia al estiramiento, está permitido llegar hasta el dolor agradable, es decir a esa sensación de estiramiento no dolorosa, pero que llegaría a serlo si en ese momento se forzara el músculo.

Hay que interiorizarse con calma en los músculos que se rebelan, y persuadirlos a que se distiendan.

El procedimiento clásico es utilizar cada espiración para ayudar al musculo a que se relaje, a que se deje llevar un poco más lejos y que se le conceda el tiempo necesario. Hay que excluir por completo la prisa de la práctica del yoga.

Dentro de sus limites de elasticidad habituales, el músculo cambia de longitud casi instantáneamente.

Alcanzado su limite, se aviene a dejarse estirar a condición de encontrarse relajado, cosa que sólo es posible si se le concede el tiempo necesario.

Esto incluye una tracción suave y continua que debe mantenerse durante un periodo mínimo de varias decenas de segundos.
Sabedores de que esto es así, nos bastará entonces con esperar para sentir poco a poco que los músculos ceden a la tracción y se alargan.

Además, durante este estiramiento se lo proteja contra cualquier movimiento brusco.

Imagínese el lector del músculo, primero relajado, después es progresivamente hasta más allá de su limite habitual.

Es comprensible que, en ese momento, no se le pueda imponer una intensificación brutal de dicho estiramiento por obra de un agente exterior, un empujón o tirón por ejemplo, pues al no disponer ningún margen de seguridad, el músculo resulta vulnerable.

Normalmente, un músculo no corre riesgo alguno si se deja que la asana se haga, e incluso si se le agrega una tracción progre natural de defensa debe ser evitada, y la única manera de lograrlo es la descontracción voluntaria.

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