preston and child - costa maldita

Una habitación secreta, un naufragio misterioso y un asesinato en las inhóspitas marismas.

El agente especial Pendergast y su ayudante Constance Greene viajan a Exmouth, localidad costera cerca de Salem, Massachusetts, para resolver el robo de una valiosa colección de vinos.

En la pared de la bodega hallan un nicho con restos humanos muy antiguos, que, según logran descubrir, podrían ser la primera pista de un secreto guardado durante años.

La leyenda cuenta que durante los juicios a las brujas de Salem, en 1692, muchas de ellas huyeron hada el norte y se establecieron en Exmouth y en las marismas circundantes, donde continuaron practicando sus malas artes.

La única pista tras el hallazgo de un nuevo cadáver es una serie de esculturas misteriosas.

¿Podrían tener estos símbolos demoníacos alguna relación con la colonia de brujas que había vivido en las inmediaciones?

Una terrible amenaza acecha la aparente tranquilidad de esta población costera.

Y puede que Constance sea la única que de verdad comprenda el peligro que tanto ella como Pendergast y los habitantes de Exmouth tendrán que afrontar. Pendergast es un héroe peculiar, un Sherlock Holmes moderno.

Cuando sonó el timbre de la puerta, Constance Greene dejó de tocar el clavicémbalo flamenco y la biblioteca quedó sumida en un tenso silencio.

Miró en dirección al agente especial A. X. L. Pendergast, que estaba sentado junto a la chimenea, en la que el fuego agonizaba, ataviado con unos finos guantes blancos con los que iba pasando las páginas ilustradas de un incunable.

En la mesita que tenía al lado había una copa de amontillado casi vacía.

Constance recordó la última vez que alguien había llamado al timbre del 891 de Riverside Drive, un hecho de lo más insólito en la mansión Pendergast.

El recuerdo de aquel terrible momento ahora flotaba en la estancia como una amenaza.Proctor, chófer, guardaespaldas y factótum de Pendergast, apareció al instante.

¿Atiendo al timbre, señor Pendergast?.

Por favor, sí. Pero no lo dejes entrar.

Pregúntale su nombre y qué desea y me lo dices.Tres minutos después,

Proctor estaba de vuelta. Se llama Percival Lake, y desea contratarlo para una investigación privada.Pendergast alzó la mano con la intención de indicarle que se librase de él.

Pero se detuvo. ¿Comentó algo sobre la naturaleza del asunto?.

Se negó a entrar en detalles.

Pendergast permaneció ensimismado durante unos segundos,tamborileando con sus finos dedos en el lomo dorado del incunable.Percival Lake...

Ese nombre me resulta familiar. Constance, ¿serías tan amable de buscar en...? ¿Cómo se llama esa página web?

Tiene el mismo nombre que ese larguísimo número matemático.¿ Google?

Sí, ese. Búscame a Percival Lake en Google, hazme el favor.

Constance retiró los dedos de las envejecidas y amarillentas teclas de marfil, se apartó del instrumento, abrió un pequeño aparador y sacó el ordenador portátil tirando de la mesita retráctil. Tecleó el nombre.

Hay un escultor que se llama así.

Esculpe obras gigantescas en granito.

Por eso me sonaba.

Pendergast se quitó los guantes y los dejó a un lado.

Permitámosle entrar.En cuanto Proctor se fue, Constance se volvió hacia Pendergast con el ceño fruncido.

¿Tan triste es el estado de nuestras finanzas que has de recurrir al pluriempleo?

En absoluto.

Pero la obra de ese hombre, si bien un poco pasada de moda, resulta estimulante.

Si mal no recuerdo, sus figuras emergen de la piedra al igual que el Esclavo que despierta de Miguel Ángel.

Lo menos que puedo hacer es recibirlo.Proctor regresó acompañado por un hombre de aspecto llamativo.

Debía de rondar los sesenta y cinco años y lucía una buena mata de cabello gris.

Su pelo era lo único que delataba en él el paso del tiempo.

Medía casi dos metros, su bello rostro, de facciones muy marcadas, estaba bronceado; era esbelto, de porte atlético, y vestía una americana azul sobre una inmaculada camisa blanca de algodón y unos elegantes pantalones de color beis.

Irradiaba vigor y buena salud.

Tenía unas manos enormes.

10€

Anuncios relacionados