Cocina vegateriana

Es asombroso lo inflexibles que somos en todo aquello que concierne a la alimentación en general y a las comidas en particular.

Si en cualquier otro aspecto de la vida nos parece bien casi todo que la gente se pasee con el pelo teñido de rosa, que navegue en solitario o que corra du­rante dos horas cada mañana por la ciudad, en este terreno concreto no dejamos de consideramos un tanto especiales si preferimos, por poner un ejemplo, las alubias y las lentejas a la ternera y al pollo.

Sin embargo, los ve­getarianos no son personas extravagantes ni se hallan sujetos a especiales manías.

Tampoco hay nada de extraño ni de sorprendente en el tipo de co­mida vegetariana; sencillamente, sus defensores, prefieren comer platos que no tengan carne, aves, caza y, en la mayor parte de los casos, pescado.

¿Por qué no enferman?, se pregunta la gente; “¿de dónde sacan la energía si no comen carne?; ¡qué aburrido vivir sólo de verduras y guisantes secos!.

Satisfechos con su forma de vivir, los vegetarianos responden que se sienten perfectamente sanos, que tienen suficiente energía para hacer frente a las ac­ividades cotidianas y, sobre todo, que les gusta realmente su comida.

Una dieta vegetariana puede ser tan variada e interesante como otra basada en la carne y el pescado.

Si la carne es más o menos igual en todo el mundo, no puede decirse lo mismo del amplio y maravilloso abanico formado por las frutas y verduras frescas.

Y es en la variedad en donde reside la clave de la comida vegetariana: legumbres, frutos secos, quesos, arroces y pastas diver­sas son sólo una selección de los variados ingredientes que componen una dieta vegetariana.

Y lo que es más importante, los platos vegetarianos son tan nutritivos como sus equivalentes ricos en carne.

La principal diferencia estri­ba en los tipos de comida que nos suministran los nutrientes necesarios.

En un típico plato vegetariano, las proteínas provienen de las legumbres, de los frutos secos, del queso, o de estos ingredientes combinados.

Minerales, vita­minas, grasas e hidratos de carbono provienen de los otros alimentos bási­cos.

Comer “al estilo vegetariano” presenta todo tipo de ventajas. Una dieta sin car­ne puede considerarse excelente, ya que es nutritiva, pobre en grasas y rica en volumen y fibra.

Los vegetarianos no suelen tener problemas de peso, pues una dieta rica en fibra vegetal y pobre en grasas contiene un número re­lativamente bajo de calorías.

Por otro lado, el modelo tradicional de comida occidental resulta frecuentemente caro, mientras que los platos vegetarianos son más económicos, tanto en su composición como en el tiempo de prepa­ración.

Por otro lado, las comidas sin carne pueden ser muy útiles a la hora de introducir cambios en los hábitos alimentarios tradicionales y la cocina vege­tariana es divertida, sugestiva y buena para la salud.

La comida que nos ocupa siempre es estimulante y proporciona indudables placeres e incluso en el caso de que no sea usted un vegetariano declarado merece la pena poner en práctica muchas de las ideas que se ofrecen en este libro.

Los platos combinan sabores y texturas poco habituales con un uso imaginativo de especias y hierbas frescas que aumentan su sabor. Si sus ami­gos y familiares tienen la ocasión de probar estas comidas, es muy probable que no se den cuenta de que no llevan carne.

Precio: 9 €

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Localidad : gerona

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Publicado : 13/08/2017