La nueva medicina psicosomática.

Muchos pueblos han pasado a la historia por sus altos conocimientos médicos, entre ellos el Griego o el Egipcio, y sin embargo muy próximo a estos existe un pequeño pueblo llamado Israel cuyos conceptos sobre la sanación y la curación física están basados en un Dios salvador y restaurador de la salud llamado Yahveh, un Dios que todo lo curaba a cambio de cumplir con sus mandatos.

Era tal la confianza en Yahveh como curalotodo, que, en la Biblia, los propios sacerdotes judíos, en su libro “El Eclesiástico”, han de recordar y recomendar el uso del médico para los casos más sencillos.La elevada espiritualidad del pueblo de Israel superó con creces unos conocimientos médicos rudimentarios pues apenas utilizaban algunas plantas medicinales, relegando a los médicos a los trabajos más fáciles, mientras reservaban a los sacerdotes las enfermedades más rebeldes.

El pueblo judío estuvo constantemente curtiéndose por un camino peculiar, el camino hacia la Tierra Prometida.

Los malos tragos iban haciendo que los menos preparados psicológicamente, es decir los más cobardes, escaparan o murieran.

El caminar de este pueblo no era un caminar sin rumbo; en absoluto se trató de un pueblo errante y sin destino, pues éste último siempre fue el más ambicioso para un pueblo nómada: la paz del sedentarismo en una tierra similar a la perdida por sus primeros padres, Adán y Eva.

Para ello se dispuso en primer lugar de un desierto donde poder fortalecer los flojos pies de un pueblo decepcionado por la esclavitud y debilitado por el miedo, para posteriormente lavarlos en el umbral de la tierra prometida: el río Jordán.

Esto se asemeja mucho al rito judío de bienvenida por medio del cual, tras un largo camino, el anfitrión limpia los pies del que llega. Yahveh les propondrá atravesar este río para poder entrar limpios en la tierra prometida.

El nombre de este río “El Jordán”, significa río de la humillación o río de la humildad. Pero Yahveh hace que este río se seque, en el momento que el pueblo va atravesarlo, para que pase sin mojarse los pies debido a que los judíos no están preparados para entrar limpios (íntegros) por sus reiterados miedos y desconfianzas, obviamente han pecado de soberbia y falta de fe.

El Jordán sólo se pasará por una generación valiente. Desgraciadamente el Jordán no vuelve a recibir al pueblo judío hasta que, con la venida de Juan el Bautista, nuevamente Yahveh les llame para que lo atraviesen y de este modo darles la bienvenida definitiva aunque ahora no a todo el pueblo, sino a los que de él deseen entrar con humildad en la tierra de promisión.

En el mundo hebreo las puertas eran bajas y estrechas.

Este río como puerta de entrada a la Tierra Prometida, obliga a agacharse para atravesarlo.

Los Pecados se lavan con la coherencia entre dos posturas que al tiempo son la misma, una que será espiritual: la humildad, y otra que vendrá a ser física, la humillación.

Jesús se agacha en la última cena para llevar a cabo el lavatorio de pies, recordando a sus discípulos el compromiso que adquirieron en el Jordán, para luego poder bautizarles con el fuego de su propio sacrificio.

Pero también en este caso los judíos sentirán miedo. Por fin el Espíritu Santo, en Pentecostés, en medio de una prueba de fuego, les dará el don de la valentía.

De este peculiar sistema educativo y de salud resulta que, el caminar hacia lo que nos da miedo, nos libra de la cobardía, fortaleciendo de este modo los problemas de huesos, músculos, y estabilizando personalidades débiles.

No hace falta llegar a la meta, sino sencillamente ponerse en camino.

Recordemos cómo el paralítico y los diez leprosos se curan con sólo ponerse en camino.

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