De la imaginacion y del deseo

Los verdaderos libros deben ser hijos, no de la claridad y la conversación, sino de la oscuridad y el silencio.

En una carta dirigida al editor Eugène Fasquelle en 1912, tras declararse éste dispuesto a publicar La Recherche, escribe Proust que debe advertirle honestamente, a fin de que pueda reconsiderar tan benévola decisión, de que su obra es indecente, mucho más indecente que todo cuanto en ese momento se publica.

La razón de que no haya reparado en ello, le dice, es que no puede adivinarse, de los hechos narrados en la primera parte del libro Le Temps perdu, la evolución moralmente pervertida de algunos personajes a lo largo de la novela.

El editor rechazará finalmente el manuscrito, aunque no por esta advertencia sola.

En el ánimo de Proust está impedir que su obra, una construcción concebida y elaborada como una tapicería, pueda verse repentinamente truncada a causa de una decisión precipitada.

En la voluntad del editor, en cambio, parece que prevaleció un cierto desconcierto, repetidamente manifestado en el informe de lectura que encargó sobre La Recherche.

¿Qué significa todo esto? ¿A dónde pretende llegar? ¡Imposible saberlo! ¡Imposible prever nada!.  

Esta incomprensión, no hacia un contenido licencioso o por completo amoral, sino hacia una estructura formal nueva indisociable del contenido de que es revelación y concreción, donde el artesano expresa metafóricamente e. mundo porque así lo aprehende el artista, será también la de Editions Gallimard y algunos otros editores, que verán en la disquisición proustiana un producto del ocio y de la meticulosidad de un caso intelectual no obstante extraordinario.

Por su parte, Proust no dejará de insistir en la novedad del proyecto, no sólo por su escrito, sino que una enfermedad puede ocupar a un hombre todo su tiempo, y ser tan absorbente, perentoria, fatigosa, corrosiva y más dura que cualquier profesión.

Así, la obra adolecerá lamentablemente a sus ojos, debido a las escasas horas de trabajo con que cuenta al año, de ese ingrediente témporal imprescindible para establecer las diversas posiciones que toda cosa, todo nombre, todo ser adopta con relación a otro en el transcurso de la vida, de modo que reconstruya en el Tiempo una magnitud equivalente a lo que en el espacio es, por oposición a la geometría plana, una geometría en el espacio, y puedan reaparecer de esta forma, no sólo los mismos personajes en distintos ciclos, como en Balzac, sino en cada uno de ellos ciertas impresiones profundas y casi inconscientes.

Esta visión cíclica y sucesiva a la vez de experiencias que retornan repetidamente pero sujetas al marco del Tiempo y, por lo tanto, con un aspecto, un volumen, un matiz y en una composición diferentes hace que por efecto y desviación de la perspectiva estas mismas experiencias se revelen, como una ciudad vista desde el tren aparece a derecha o a izquierda según la dirección que tome la vía. muy diferentes y al principio hasta incomprensibles.hn cue la psicología adquiera esa dimensión temporal debe aislarse la sustancia invisible del Tiempo y hacer la experiencia duradera; sólo por esta dislocación progresiva de los datos adquieren significación y producen la sensación del tiempo pasado.

Ahora bien, Proust insiste en su propósito no es describir con detalles infinitos cada uno de estos conocimientos u objetos parciales, ni revestir de lirismo ese pequeño fragmento de verdad; su objetivo no es otro que reunir las distintas sucesiones, los diversos fragmentos, para tratar de curar el objeto, ya sea una vidriera, un rostro o un afecto.

Tampoco busca recordar los días vividos, enfermo como estoy, no me habría tomado la molestia de escribir ni analizar abstractamente un pensamiento, es lo que la inteligencia nos da del pasado, del pasado, por el contrario, se mantiene oculto tras la viciación que nos procura el objeto, y sólo del azar deja que se nos revele.

Yo he querido mostrar, hacer vivir un pensamiento, porque la búsqueda de la verazcidad no es independiente del Tiempo.

El libro en este sentido no reproduce una subjetiridad, aunque esté centrado en primera persona, ni es un producto intelectual o abstracto.

Sus menores elementos vienen por la sensibilidad, y es esencial el hecho de que no nos pertenecen ni está, ni otro poder recrearlas.  sólo el mundo de los posibles, del mundo del razonamiento lógico, puede reproducirse simultaneamente, pero por ello su elección es arbitraria.

10€

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