hombre corriendo

 

Deportes

Entre las manifestaciones más concretas y peculiares de nuestra vida figura la actividad deportiva, es decir, la práctica de unos determinados ejercicios físicos, en cuya correcta ejecución debe intervenir de manera activa la mente, dirigiendo con inteligencia el esfuerzo a realizar a fin de obtener el mayor provecho del mismo, de acuerdo con las reglas dadas en cada caso. 

Y al hablar de nuestra vida, entendemos el deporte como manifestación nacida con el hombre y desarrollada con él, cuyas características, aun habiendo evolucionado en el transcurso de los siglos, conservan en gran parte la esencia primitiva. 

Como es natural, la palabra deporte es extremadamente moderna, así como moderno es el concepto que expresamos con ella, y si retrocedemos en el tiempo hasta llegar a nuestros antepasados, no los encontraremos ciertamente compitiendo entre sí por la conquista de campeonatos sensacionales.

Sin embargo, nos daremos cuenta de que al perseguir una finalidad fundamental, que era la de sobrevivir, la actividad desarrollada contenía los gérmenes de lo que llamaremos deporte unos siglos más tarde. 

Aquellos antepasados nuestros se veían solamente apremiados por inaplazables problemas de subsistencia, de los que nacía la necesidad de prepararse y fortificarse para la lucha y para la guerra. 

Encontramos estas exigencias en la base de la carrera, del salto, del lanzamiento y de la actividad de trepar que, juntamente con la caza y la pesca, que permitían al hombre saciar su hambre, podemos considerar como las más antiguas formas que empezaron a manifestarse los deportes. 

Para los hombres primitivos, por consiguiente, no se trataba en absoluto de educación física en el sentido moderno de la expresión, sino de actividades estrechamente vinculadas a sus necesidades, y, a menudo, a sus creencias y a sus mitos.

Más adelante, estos ejercicios físicos individuales y esencialmente utilitarios se realizaron por parejas, constituyendo al mismo tiempo recreo y entretenimiento para protagonistas y espectadores. 

A la carrera, al asalto, al lanzamiento, inspirados con seguridad por instintos naturales, siguieron ejercicios más complejo como pasar un río, correr montado sobre animales, medir las fuerzas con otros hombres desarmados (pugilato, lucha) o armados con bastones (esgrima), pero sin perder nunca  su substancial característica de juego puro y simple: no había premios y no se establecían clasificaciones.

Los ejercicios físicos adquieren dos características bien definidas: la médica y la ritual. 

Se les reconocen a los mismos posibilidades curativas especiales y se considera notable su contribución a la buena salud.

Estas convicciones están arraigadas principalmente en el mundo oriental y han llegado hasta nosotros algunas normas dictadas a este respecto por los monjes budistas. 

Otros pueblos, los egipcios por ejemplo, y los babilonios, los asirios y otros más, agradecidos a los dioses por la gallardía y la vitalidad evidentes de los ejercicios corporales, y considerándolos dones divinos los consideraron en juegos de ceremonia de acción de gracias y de oración, juntamente con la danza y el canto.

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